
La solidaridad es uno de los principios básicos de la concepción cristiana de la organización social y política, y constituye el fin y el motivo primario del valor de la organización social. Su importancia es radical para el buen desarrollo de una doctrina social sana, y es de singular interés para el estudio del hombre en sociedad y de la sociedad misma.
La
solidaridad tiene su origen en el amor fraterno entre las personas. Muchos de los problemas que hoy nos agobian, se deben causas de dinero y otras sociales que pueden solucionarse si practicamos de manera eficiente y decidida, la solidaridad.
Los seres humanos vivimos en sociedades y, por tanto, en ocasiones no es posible que nos desarrollemos y realicemos al margen de los otros con quienes compartimos.
Al ver la miseria por la que atraviesan incontables hombres y mujeres que habitan en los países pobres del mundo, resulta moralmente imposible permanecer indiferentes. Las exigencias propias del amor a la humanidad, nos obliga como personas de bien y como ciudadanos, a mantener una actitud de servicio solidario hacia los que viven la pobreza.
No es tampoco posible dejar pasar el aumento de la delincuencia, la violencia, dentro y fuera de los hogares, la explotación de los más débiles (niños, mujeres, ancianos) y necesitados, los inumerables enfermos que carecen de atención médica y de medicamentos, aumento de los desempleados, una mal que actualmente también vemos, etc.
Solidaridad es todo lo que hace falta en este mundo para que sea perfecto y armónico. Donde sea posible el buen vivir para todos los que lo habitamos, y la maldad desaparezca.
Vía: Trabajo de Formación Cíviva.